| ¿Cómo vemos el mundo de los jóvenes? |
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| Enviado el Mon 13 Nov 2006 por zeeveraldo (1304 lecturas) |
¿Cómo vemos el mundo de los jóvenes?Una aproximación perceptiva desde la pastoral juvenilA. ¿Porqué nuestra acción pastoral ha de preguntarse por la subjetividad juvenil? “Y puso su tienda en un lugar que conocemos” El largo camino de la evangelización en Latinoamérica es ahora para nosotros una responsabilidad, en medio de un mundo en donde las nuevas luces y sombras de la globalización, desarrollo y posmodernidad han venido transformando el modo de pensar, de actuar y de asumir la propia historia, en cada uno de los hombres “de a pie” que vemos caminar por las calles, con quiénes conversamos a diario. Hemos asumido la posta en esta parte de la historia que nos toca recorrer, lo cual significa, por un lado, no “dejar pasar” este momento histórico; y por otro, la responsabilidad histórica de dar testimonio de nuestra opción fundamental por Jesús y el Reino; hoy más que antes, laicos, varones y mujeres “en-el-mundo”, “desde-el-mundo”, “con-el-mundo”, “para-el-mundo”. Nuestro compromiso es con Jesús y su Reino (“… mi Reino no es de este mundo…” Jn 18,36); sin embargo, el mismo no es ajeno a nuestra realidad, sino que más bien la dignifica, la plenifica, la conduce a su término definitivo, a su plenitud. No buscamos otro mundo donde “hacer tienda”; hacemos tienda en el lugar donde el mismo Jesús hizo la suya, y habitó entre nosotros. ésta es nuestra búsqueda y ésta nuestra tarea: reconocer cómo Jesús hace tienda, habita “en el lugar” del joven. La pregunta “¿maestro, dónde vives?” ha sido respondida plenamente en la resurrección: “yo estaré con ustedes hasta el final de los tiempos” (Mt 28,20). Así pues, nos corresponde hacer fructífera la “patria grande”, la “tierra nuestra”, nuestra casa, el mundo. Esta co-respuesta es nuestra co-rresponsabilidad, una responsabilidad compartida y asumida en la libertad de los hijos de Dios que siguen los impulsos del espíritu que libera al ser humano de sus ataduras. Hoy no tenemos más herramientas que la vida misma, ayer las herramientas de la conquista; hoy la palabra y el testimonio, ayer la mordaza y el castigo; hoy la semilla del verbo esparcida en los corazones de todos los hombres que nos hablan de diferentes formas de Dios: los jóvenes, los niños, los adultos, los ancianos, los no nacidos, los enfermos, los en-riesgo, los desplazados, los emigrantes, los trabajadores, los profesores, las amas de casa, los del campo, los de la ciudad, los universitarios, los adolescentes… y toda esa larga lista de especificaciones donde habita el Señor. Hoy “hablar de Dios” no tiene un solo sentido, hoy hablar de Dios es polisémico, cada uno desde su propia experiencia y particularidad hablando del mismo Dios verdadero, desde su propia experiencia vital, desde sus horizontes e historia, desde sus comprensiones del mundo, desde su subjetividad, desde sus limitaciones y plenitudes, desde esa vida que van generando en el día a día, desde sus pequeños grupos, desde sus pequeños relatos que nos hablan del mismo Dios de amor, de justicia, de paz, de verdad; nos hablan de ese Buen Pastor que tiene ovejas en diferentes corrales, y que da la vida y les da vida a todas por igual. En este entramado de sentido es donde nos ubicamos para profundizar y reflexionar sobre las subjetividades juveniles, para percibir y aproximarnos a ellas; desde nuestra misión, nuestra responsabilidad evangelizadora, y nuestro ser artesanos de un nuevo y siempre novedoso tejido evangélico: ¡dejemos ver los colores siempre nuevos de la buena noticia de la salvación en todos los hombres! Percepción y sensibilidad son dos palabras que juntas pueden describir el mundo de los adolescentes y jóvenes que nos rodean, vemos a diario y nos relacionamos de diferentes formas en diversas circunstancias. ¿Qué “pega” en los jóvenes de hoy? ¿Qué les “toca” profunda o superficialmente? Son preguntas que hoy nos hacemos muchos agentes pastorales en el contexto de drogas, pandillas, discos, baile, Pcs, Internet… y en la disyuntiva de nuestra gran pregunta ¿Qué hacer y no hacer con ellos? Sin embargo, aunque la pregunta es legítima, será necesario pasar de la utilidad del dato buscado, para asumir una postura de comprensión y acogida de este mundo joven que muchos de nosotros no comprendemos, ni queremos comprender. Aquello que los y las jóvenes observan y escuchan, que los describe en sus problemáticas e intereses, aquello que les refleja una parte de sí mismos que ellos no pueden “nombrar”, y que además expresan como búsqueda de respuesta a sus grandes y pequeñas preguntas… es aquello que le corresponde a su subjetividad… aquí es donde se funde su sí mismo más profundo, lo que les impulsa a ser como son… Sin embargo, la subjetividad es considerada como el espacio donde se articulan lo biológico y lo simbólico, el lugar en el que se entreteje lo social y lo personal, donde se define la individualidad. La forma de pensar y actuar de las personas es organizada por la cultura. La subjetividad resulta de interacciones sociales en las que se transmiten significaciones colectivas, imágenes que transcienden a los individuos y que son encarnadas por ellos. Aunque en el proceso encuentran restricciones en lo real, en lo afectivo. Los sentidos sociales sin impulsividad son tan impensables como una vida sin metas ni normas. Hoy, la cultura hegemónica, aquella que nos “dice” cómo pensar y cómo actuar, se ve en constante cuestionamiento. Los discursos, los imaginarios comunes se han dispersado, se han visto debilitados, ya no son más un “gran discurso”, forman parte de “pequeños relatos” condensados en grupos de referencia mínimos, en los que para sí se va tejiendo el tramado de una nueva historia. En este “aquí y ahora” se encuentran los y las jóvenes. “No te dejes llevar por nadie: vive tu vida” (En la pared de un baño, en una universidad, Lima 2005) Sus sentidos y horizontes se funden entre lo privado y lo público, entre el pasado y el futuro. Reciben la influencia del pasado, y lo asumen como historias y experiencias privadas y comunes: terrorismo, violencia familiar. Y en el futuro las expresan como grandes utopías sociales comunes, que son fruto de esa conciencia colectiva que los anima, integra e identifica, y también con proyectos personales mínimos que buscan la plena satisfacción personal. Es en este cuadrante: privado – público / pasado – futuro, donde podemos hacer una lectura de exploración de los y las jóvenes, aunque esto baste, no sea suficiente, sin embargo es una buena medida para acercarnos a su historia, a su mundo vital, con sus comprensiones, afirmaciones, dudas y cuestionamientos, con sus valores y sus desvalores. B. Definiendo un marco teórico que ayude a explorar… a acercarse… La juventud no es un tiempo, ni una etapa, ni un momento en la historia de la persona, no es una categoría social homogénea que cualquiera pueda estudiar y examinar hasta el más mínimo detalle, desde afuera, buscando objetividad, anulando emociones y prejuicios. La juventud es un cometa de riesgos y oportunidades, de amenazas y promesas, una intromisión en el sistema cósmico de los adultos y su historia, en su aquí y ahora. Como tal, hay que entenderla, no como un conjunto sólido, sino como un torbellino, abigarrado y turbulento, con una órbita propia que le otorga su ser sí mismo frente al mundo, haciéndolo distante y diferente, cercano y ajeno, reflejo de las diferentes coyunturas de oportunidad que nuestra sociedad ofrece a los recién llegados. Por lo tanto, surge como una necesidad creciente el explorar los sentidos y enfoques de los y las jóvenes; de tal forma que desde su comprensión reconozcamos desafíos para nuestra intencionalidad, para lo que pre-tendemos con nuestra acción pastoral, social o educativa. No para justificar nuestras acciones, sino para descubrir la vida y entrar en diálogo para construir un discurso nuevo de humanidad, que nos anime, integre e identifique en una historia auténticamente humana. Si hay una tesis al final de estas líneas, sería aquella que invita, motiva a dejarnos interpelar, empapar, desafiar por lo que los y las jóvenes que tenemos alrededor dicen de sí mismos y del mundo que los rodea. Sus “pequeños relatos” merecen toda nuestra atención, aunque los consideremos dispersos, o predecibles, o en el mejor de los casos sorprendentes e inesperados. Pues cada uno de ellos trae consigo la carga de su experiencia vital, de sus horizontes privados y comunes, sus utopías, y sus grandes temores. Por ello, decir “los jóvenes” se va transformando cada día en sospechoso, puesto que cada vez se hace más difícil reconocer elementos comunes que los configuren en un plural único. Decir generación es pretensioso, y hasta afirmaría parte de un lenguaje dominador que interpreta arbitrariamente la historia de cada joven concreto, para convencer, persuadir y vender; es la corta historia del comercio y la industria en nuestros días. Acusados de liberales, de indiferentes sociales, de renegados, de egocentristas, de competidores desmedidos, de compradores impulsivos, de pandilleros, de empleaduchos, de cachueleros, de revoltosos, de impulsar la fragmentación ética, de carentes de compromiso, de muy comprometidos, de voluntariosos, de exigentes líderes, de políticos y apolíticos; los y las jóvenes siguen siendo ellos y cada uno, en su contexto, con sus oportunidades y amenazas, con sus fortalezas y debilidades, con sus sueños y temores, protagonistas de una historia que no conocemos, pero compartimos. C. Tres modelos de vivencia joven que interpretamos… “Somos iguales porque pensamos diferente” En la actualidad se nos imponen tres modelos de vivencia joven, que podríamos reconocer en la mayoría de chicos y chicas. El modelo “militante”, que tuvo su apogeo en la década de los setenta y ochenta, es casi un trasnochado discurso, que sin embargo tiene mucha aceptación en el mundo joven. El militante se define en función de su entrega a la causa, en tanto es parte de un colectivo que da sentido a su vida. Sólo la causa es realmente importante, es el único fin en sí mismo. Todo lo demás es simplemente un medio y se justifica sólo en tanto contribuye al éxito de la causa. La vida misma es imaginada como un instrumento, como estructurada por una misión. Fuera de ella sólo existe el absurdo y la culpa. La militancia se presenta como un camino de salvación, pues huyendo del pecado en la entrega resuelta, postula que es posible la integridad moral, el vivir como santo y como héroe. No obstante, la figura es compleja y contradictoria pues la realización de este mandato supone dejar atrás la expectativa de felicidad, ya que el militante jamás puede abandonarse al sufrimiento del deber cumplido. Es importante señalar los valores que estructuran la figura del militante: renuncia de sí y preocupación por los otros. Por el suelo camina mi pueblo Por el suelo moliendo condena Por el suelo el infierno quema Por el suelo la raza va ciega... (Manu Chao “Clandestino”, 2001) El militante piensa que la sociedad está enteramente corrompida y que el cambio debe ser de raíz y radical. Se da la lucha entre el bien y el mal, entre justicia e injusticia. Si bien es cierto que no hay entre nuestros jóvenes una clara conciencia de lo que pasa en el país, y muchos de ellos aseguran su indiferencia social, existen grupos de jóvenes que asumen su rol protagónico en el espacio público, desde la protesta y la práctica política. Aunque declarados a-políticos, incursionan en este mundo desconocido. A su vez podemos mencionar entre ellos a quienes asumen el mundo como espacio para la “práctica de la solidaridad” como un deber de justicia, y tienen también un compromiso ideológico desde el voluntariado juvenil. Decir que en nuestros tiempos el joven no tiene radicalidad en sus compromisos, o que sus compromisos son de corto plazo, es una verdad conocida. Pero afirmar que ese compromiso es radical cuando se trata de un joven de “pandilla”, es algo que realmente asumo como sorprendente. No existe joven tan fiel a su grupo, como el llamado “pandillero”. Morir para él o ella es un honor, defender los intereses del grupo un deber. La sensibilidad humana expresada en el grupo como elemento vinculante, unificador y re-creador de la vida, sostiene la esperanza, sostiene la adversidad y sus temores, permite pensar la vida para afrontarla con dureza, reproduce un rostro, el rostro concreto de miles de jóvenes perseguidos, nunca comprendidos y aceptados por una sociedad de doble moral, que los arrincona para luego golpearlos. Por otro lado se encuentra el modelo del éxito, el individualismo en su máximo apogeo, la influencia de la globalización económica expresada en chicos y chicas sumidos en la búsqueda cada vez mayor de confort, que piensan el mundo como espacio a dominar, la historia como un tiempo a poseer para sus fines personales. Cuando un chico o chica se presenta para una plaza o un puesto de trabajo, sabiendo que hay pocos puestos y muchos aspirantes, es necesario salir adelante “con, sin o a pesar del otro”, un modelo que el militante no comprende y no comparte. Pero que en la realidad asume como frustración y conflicto con sus intereses más altos. El joven no vive de la ilusión de quedarse a trabajar de por vida en una empresa solvente y prestigiosa. Los jóvenes son invitados a producir un discurso sobre sí mismos que los haga atractivos para la empresa, se trata pues de la figura del hombre de éxito. El joven tiene que generar una imagen triunfadora y enteramente positiva, sin fisuras por donde puedan colarse evidencias de duda o desánimo. Es una exigencia a imaginarse a sí mismos sin limites, asumirse como ese modelo (in)humano que la compañía esta buscando. Este hecho anecdótico representa lo que se llama el discurso “exitista”. Desde el inicio de los noventa este discurso se ha ido expandiendo en el Perú, hoy es un discurso natural, que más de un joven asume como suyo, sin mayor cuestionamiento. “ten cuidado con el pirata del caribe vamos a ver si tu tienes calibre aquí en la calle el más fuerte sobrevive entre los grandes mi nombre se escribe Damas y caballeros huyan a paso ligero ayer estaba pobre y hoy camino con dinero la fama no me importa mi hermano soy sincero gracias a mi señor que me dio el alma de un guerrero (calle)” (Gangsta Zone, Daddy Yankee, 2006) El modelo exitista asumido, perfila a un joven que no asume ningún deber para con los demás, existe como individuo responsable sólo de sí mismo. En todo caso, si hace algo por los demás es porque quiere, no porque está obligado moralmente. La imagen del mundo integrado por individuos que compiten entre sí, con toda la fuerza que son capaces, en función de lograr el ansiado éxito económico. Los más hábiles y más esforzados son los que consiguen los primeros puestos, gozan entonces con todo derecho de las riquezas y el poder, mientras que el resto queda atrás, ocupando el lugar destinado a los perdedores, es decir, las posiciones subordinadas y sin mayor reconocimiento. No hay límites en lo que se puede lograr si uno se lo propone con la suficiente fuerza, si está dispuesto realmente a entregarse y persistir pese a las contrariedades. Un hombre se convierte en héroe al alzarse contra su destino. Su sentido de misión fundamenta una actitud obsesiva para agotarse en su triunfo personal. El triunfo aparece como un deber religioso; una fantasía de omnipotencia. éxito que se asocia a una persecución de la excelencia, algo mucho más concreto, “práctico, rápido y rentable”. Para quien la pobreza resulta sospechosa de ociosidad y carente de habilidad para manejar los recursos propios. éstos son los jóvenes que pueblan las principales tiendas comerciales y centros de esparcimiento “in”. Jóvenes dispuestos a “llenar” sus vacíos lo más “práctico, rápido y rentablemente” posible, en ello encontramos afanes esotéricos, exploraciones sensuales o diversos tipos de adicciones, todos modos de llenar un vacío. Son los jóvenes del play station y la anorexia. Para quienes la imagen aparente es tan importante como la vida misma, constantemente en un mundo cada vez menos real, en un mundo más bien virtual, de figuras, de apariencias sin fondo. Un mundo que ellos conocen como falso e hipócrita. Un consejo te doy… no te fíes ni de tu padre y menos de todo lo que te digan (Mauricio, 16 años) Y por último un modelo que muchos jóvenes alimentan, es el de la autotrascendencia, el del autodominio, y la autorrealización. El culto y aprecio por cultivar la interioridad, el desarrollo de nuestras particularidades; es decir, descubrirse a sí mismos, identificar el destino que nos corresponde pero que tampoco nos aguardaría si lo ignorásemos. Cada quien es quien, aunque estamos en un mismo lugar. La amistad es imprescindible para la vida, pero no tanto como el que yo sea feliz y las personas que me rodean igual. Afirmando una y otra vez que los hombres somos libres pues tenemos el destino en nuestras manos. Y lo que importa finalmente es la realización personal, por lo que nuestro primer y esencial deber es ser fieles a nosotros mismos. Juntos en el camino, pero solos en la batalla final. “los jóvenes, una imagen diversa…” ¿Existen contradicciones entre los y las jóvenes? Si analizamos detenidamente los párrafos anteriores, pareciera que es una “generación” dividida, nunca tan poco lineal, desbordada de sentidos y enfoques que se mezclan, se contraen, se repelen o se bifurcan. Y es que (aquí va mi segunda tesis) no es posible plasmar en una sola imagen aquello que en la realidad se presenta como una multiplicidad de tonalidades y formas . Nosotros, al querer aproximarnos, interpretamos la realidad y tratamos de colocarla en un solo sentido. Como ya lo he mencionado, los chicos y chicas (con sus contradicciones) se ven confrontados con las estructuras, instituciones y discursos sociales, influenciados e influyentes; los y las jóvenes conservan un estilo muy particular de apropiarse del mundo desde lo que ellos interpretan como tal. D. Joven, tecnocultura, exclusión y recreación de viejas instituciones… “¿sabes? hay algo que no entiendo… ¿Cómo hicieron ustedes para pasar la U sin una PC?” (Mari, 19 años) Esta tecnología nuestra de cada día… parecen decir chicos y chicas en cualquier lugar donde nos encontremos… ¿A alguien se le hubiera ocurrido que alguien podría transmitir un sentimiento sin mencionar una sola palabra? Pues, bienvenidos al mundo de los emoticones. Y no ha faltado algún ingenioso investigador que haya tildado a esta generación de “@” o “emoticon”, o “digital”, o “i ” (con i de internet), o “www.com” . Hay quienes afirman que estamos en el mundo de la “domótica”, una especie de robótica doméstica . Y quizá sea lo más cercano a una definición cierta de lo que el “mercado-mundo-global” (todo en uno) impulsa, propone y ofrece con sutileza y audacia. Nuevos saberes en manos de viejos poderes dieron lugar al dominio del conocimiento, que a estas horas del curso de la historia está en manos de jóvenes, pero no necesariamente bajo su manejo. Con esto no queremos hacer “víctimas” a los chicos y chicas, que “sufren” el mal de la tecnología; sino dejar en claro que ellos participan de esta vorágine pero no la manipulan, ni la direccionan, apenas si construyen sus historias desde esta plataforma. Para ello, basta un ejemplo: estudiantes escolares en Chile organizan una movilización que paralizó la ciudad de Santiago, tan sólo comunicándose por el “mess…”, y todos se preguntaban: ¿y dónde estaban los servicios de inteligencia? Chicos y chicas desenvolviéndose en un mundo desconocido e inaccesible para muchos, y cada generación nueva es más capaz que la otra. Así es, los jóvenes se desenvuelven en esta vorágine, la utilizan como plataforma, no es más que eso. Es el espacio y el tiempo para “ser” el mejor, el más conocido, el más votado, el que tiene más información, el de la mejor page o blog, etc. Espacio y tiempo para el encuentro, para crecer y aprender de todos, en medio de todos, y de esta continua avalancha de nuevas innovaciones tecnológicas. Estos cambios continuos, con sus respectivos aprendizajes y dominio de parte de los chicos y chicas, dejan algunas luces en la conciencia: la sensación de omnipresencia; la sensación de velocidad y de rapidez en la cotidianidad de la vida; y esa sensación de que ya nada tiene vuelta atrás, que la realidad es irreversible y además todo lo que acontece en ella es provisional, pues algo nuevo siempre vendrá, sólo andamos a la espera de que suceda. En medio de estas características, difícilmente nuestras propuestas pastorales, sociales o educativas podrán generar un proceso que se sostenga en el tiempo, en el que chicos y chicas asuman el reto de empezar y terminar en el mediano y largo plazo, y lo que es peor aún, que reconozcan el camino recorrido para aprender algo del mismo, puesto que el aprendizaje no está en el pasado sino en el futuro, en lo que viene, mas no en lo que ya pasó. Ahora ciertamente, quien “no está conectado” simplemente no cuenta, ni siquiera estorba, simplemente muere por inanición, solo, en un mundo reducido. Con lo cual concluimos que “los mayores” ya no tenemos un lugar en su espacio y tiempo; y claro, la exclusión entre ellos, ellas y nosotros es cada vez más una brecha profunda que nos aparta. “Por primera vez en la historia de la humanidad, una nueva generación está capacitada para utilizar la tecnología mejor que sus padres” ; si esto no nos sorprende, es porque ya pasó a formar parte de nuestro pensar cotidiano. El espacio y tiempo “tecno-ciber-hiper-icono-virtual” que los chicos y chicas experimentan se ha convertido en oportunidad de socialización, no les es extraño, ni ajeno, ni negativo. Ellos y ellas andan constituyendo la tecnocultura que muchos pasados de juventud no entendemos, ni asimilamos, ni manejamos, o simplemente rechazamos. Chicos y chicas reproducen el proceso de conocimiento a la velocidad de la tecnología, sin que esto signifique claridad y solidez reflexiva en la toma de decisiones, sino la rapidez en sus respuestas frente a los impulsos generados. Esto es lo que ellos y ellas entrenan en los video-juegos. Viven y asumen el mundo no lineal, la organización no se da en un tiempo-espacio o en un centro-margen, sino en la complejidad del hipertexto, en el que el lenguaje de la lecto-escritura queda relegado como retraso, y donde la imagen puede tener multiplicidad de contenidos posibles que la expliquen. La posibilidad de realizar varias actividades a la vez, una especie de práctica de multitareas paralelas, es su cotidiano quehacer. La frase “no estás prestando atención” ha quedado relegada, pues procesan mucha información venida de diversos canales. La tecno-cultura generada por chicos y chicas asume la lecto-escritura como ilustración de la imagen, “la imagen es todo”. Entonces, los definimos como homo videns, y quizá como homo virtual, en el que audio-video se han fundido en un espacio-tiempo indescriptible, ya que “todo es aquí”: la cercanía de mi habitación a la del lugar más recóndito del planeta. Se ven reducidos a una velocidad y espacios presos del futuro, que parece ser una forma de presente. Nuestra acción pastoral no puede estar al margen de los cambios, debe comprender demandas y necesidades de los y las jóvenes, así como la cultura audiovisual y las tecnologías del conocimiento que afectan el sentir y el pensar de los y las jóvenes. La cultura juvenil se vincula con una serie de símbolos y mensajes que están más allá de nuestras propuestas, que conforman la subjetividad y expectativas de los más jóvenes. De allí que es mayor la exigencia para nuestra respuesta evangelizadora, generar con ellos y ellas nuevos medios y nuevos lenguajes. Atrévete, te, te Salte del closet, Escápate, quítate el esmalte Deja de taparte que nadie va a retratarte Levántate, ponte hyper Préndete, sácale chispas al estárter Préndete en fuego como un lighter Sacúdete el sudor como si fueras un wiper Que tu eres callejera, "Street Fighter" (CALLE 13, Atrévete te, te!, 2006) Quisiera detenerme un instante en este momento de la exposición de estas ideas, para resaltar aquello de la exclusión de jóvenes entre jóvenes. Hay chicos y chicas que viven en una situación de pobreza y en constante riesgo, lo que los coloca en una forma de asumir la vida, el mundo, el pasado, el presente y el futuro de una manera totalmente única y diferente al resto de “su generación” (si cabe la palabra). Definitivamente no hay un solo sentido, o sentido unitario, la diversidad de relatos mínimos (léase pequeños relatos), no es una reducción de la vida, sino una manifestación de la existencia de la diversidad. Sin embargo, esa diversidad también se comprende desde la lógica de la dominación y la exclusión. Siendo jóvenes, están en una situación de “desventaja”, puesto que su espacio de visibilidad se ve reducido y muchas veces negado. Su deseo de ser mirados, de hacerse visibles, su afán por dejar huella, como cualquier joven, de expresar “su palabra”, tiene una connotación de esfuerzo constante, pues “de alguna forma” hay que hacer lo que por naturaleza brota desde dentro de su ser. Esa búsqueda de ser asumido o asumida como “igual”, se encuentra constantemente deteriorada, no tanto por los mismos jóvenes, como por aquellos que observan a esta “generación”, a quienes no los cuentan entre todos, los invisibilizan y lo que es peor aún, silencian con drásticas y severas medidas de represión e insulto: marginales y pandilleros. Sin embargo, esos jóvenes existen y en nuestro país vienen expresando su voz en calles y plazas, con ritmos pegajosos y bailes atrevidos, que causan un contagio masivo, y que se convierten en elemento integrador, de pertenencia a un mismo conglomerado de sentido, más que en noticia del día que alimenta el mundo del espectáculo. Por otro lado, los chicos y chicas, en su totalidad están inmersos en el mundo del consumo, como parte de esa perspectiva de mercado-mundo-global acelerado, que debe ser aprovechado al máximo, que hemos de gastar, que se va y no vuelve, que hay que disfrutar, que hay que vivir y no dejar que nos viva. ¿Son los jóvenes protagonistas del consumo o son sus víctimas inocentes? Pregunta interesante para la reflexión grupal. En ese sentido, la afirmación de que son protagonistas considero que no sería la más feliz. Considero que son consumidores, porque el sistema propuesto tiene puesta su mirada en ellos, y porque su deseo de “ser alguien reconocido por todos”, se mezcla en esta composición. Entre ellos y ellas nadie quiere ser “posero(a)” o “figuretear”, pero los mismos exigen estar “a tono”, ¿estás o no estás? Esa es la pregunta. Ya ves, mi edad es tan difícil de llevar mezcla de pasión e ingenuidad, difícil controlar... Yo soy sólo un adolescente, pero entraré en tu muerte pisando fuerte, pisando fuerte (Alejandro Sanz, “Pisando fuerte”, 1994) Junto a estas afirmaciones y cuestionamientos hay que resaltar la reformulación de lo que en nuestro mundo denominamos: familia, gobierno, política, educación, ley, moral, valor. La continua discusión de la llamada “crisis de valores” o “crisis de sentido de las instituciones sociales”, se transforma hoy en un momento de transformación de interpretaciones y concepciones que surgen como fruto de la experiencia que viven chicos y chicas. Valoraciones y desvaloraciones asumidas, expresadas y defendidas por ellos y ellas, que fortalecen en su vivencia la disyuntiva entre la construcción individual de su identidad y su inserción en la sociedad, entre construir una historia con nuevos parámetros y conservar los ya existentes. Qué difícil es entrar en “diálogo” con ellos y ellas queriendo “decirles” qué es y qué no es, cuando aquello ya lo tienen tan claro y asumido desde su experiencia de vida. ¿Cuánto vale la experiencia asumida en la vida de los y las jóvenes? Hay instituciones que han perdido radicalmente cualquier tipo de referencia en el espacio joven, y existen otras que están en camino. No hace mucho escuché estas palabras: “tú nunca has sido joven en el mundo donde yo soy joven, y nunca lo serás”; y ciertamente éstas parecen ser las palabras que los jóvenes de esta generación nos dicen y gritan constantemente en nuestras calles y también en los espacios generados por nuestra acción pastoral. Entrar en el mundo del joven hoy es desde ya un asunto difícil, un reto para el pastoralista decidido a construir el Reino en el mundo joven, dispuesto en cuerpo y alma a acompañar el proceso de maduración de los jóvenes. Y no solamente porque tenga que ponerse en el “lugar y la hora” de los jóvenes, sino porque tiene necesariamente que “escuchar” sus preguntas, “asumir” sus experiencias de vida, “conocer” el contexto en el que se desarrollan, “comprender” sus temores, “responder” a sus vacíos, y “observar” sus tendencias; todo esto dentro de un proceso de evangelización, que tenga como elemento esencial “encarnarse en su cultura” con la intención expresa y firme de humanizarla en su historia hasta que el joven se convierta en sujeto humanizador de la sociedad que construye y en la que vive, la cual le afecta en todos los sentidos posibles de su desarrollo personal. Amor mutante amigos con derecho y sin derecho de tenerte siempre , y siempre tengo que esperar paciente, el pedazo que me toca de ti… Te amo con toda mi fe sin medida te amo aunque estés compartida tus labios tienen el control. (Maná, “Labios compartidos”, 2006) Frente al amor, una continua búsqueda de afecto real, no encontrado en la mayoría de las veces en los círculos familiares más cercanos. Una constante exploración que nunca termina. Los chicos y las chicas carecen de referentes en este sentido, y no es seguro que ellos lo sean para las generaciones futuras. Ahí está la gran dificultad, ¿sobre la base de qué experiencias de amor construyen sus relaciones de amor? Es aquí cuando los chicos y chicas buscan llenar sus silencios, acallar su conciencia, ocupar los espacios vacíos en su vida, liberando sentimientos que no han podido expresar, dando salida a emociones sin control. Buscan lo que más les agrada, y esto se convierte en medida de reflexión y discernimiento. Sin embargo, esta expresión joven se presenta como una oportunidad para descubrirse, disfrutarse e integrarse como un todo complejo, lejos de cualquier tabú y mitificación. Permite (de hecho ellos y ellas lo hacen en sus espacios comunes) la comunicación íntima con el otro igual, generando lazos profundos de pertenencia, el desarrollo de la propia identidad integrada en un todo único y auténtico. La fe o la religiosidad como experiencia diaria y personal, a la medida de su sensibilidad, aun cuando nadie tenga “la verdad”, asume un criterio de humanidad, que algunos llamarían humanismo ateo. Es un mundo juvenil que por sobre todo salva la vida, aun cuando entre ellos existan escépticos. Definitivamente más que religión, fe en “alguien”, más que piedad, espiritualidad. Se trata de cultivar el espíritu, liberación interior y ser uno mismo con o sin el mundo. Aunque, como ya lo mencioné en líneas arriba, corresponda un modelo de persona que el joven reproduce y asume. Aparecen los chicos y chicas voluntarios, solidarios que miran el mundo desde la naturaleza, el cosmos, la preservación de la vida, ni ricos ni pobres: sólo hombres y mujeres de carne y hueso a quienes los mueve un corazón abierto a la historia y a la verdad de la felicidad para todos . E. Afirmaciones, inquietudes y esperanzas desde la pastoral juvenil “yo quiero llegar a algún sitio” ¿Qué podemos ir concluyendo al final de estas líneas? Quizá muchas preguntas por responder, o simplemente formular. Yo tengo algunos elementos que están detrás de estas líneas arriba escritas: • Existe una fuerte valoración de la subjetividad, los chicos y chicas valoran lo propio y el espacio privado. • Predominio del lenguaje audiovisual-lúdico sobre lo escritural, como expresión de un cambio propio de la tecnocultura. • Generan respuestas anómicas y de riesgo, fruto de su mundo-mercado-global veloz y carente de reflexión eficaz. • Buscan respuestas que les ayuden a explorar su identidad individual. • A su vez, en el colectivo, los chicos y chicas buscan y generan respuestas de vinculación y pertenencia, los grupos se sostienen en un mismo tejido de expresiones culturales, que asumimos como subculturas juveniles. Por ello asumen la amistad como supremo valor. • Viven una disyuntiva entre la construcción individual de su identidad y su inserción en la sociedad, pues reconocen dos proyectos distintos o al menos el proyecto propuesto no satisface sus necesidades. • Viven una disyuntiva entre el reconocimiento como igual y la inequidad, como fruto de una creciente exclusión de jóvenes marginales o en-riesgo, que no cuentan en el análisis del mundo-mercado-global. • Lo cual tiene mucho que ver con la vivencia de la disyuntiva entre la visibilidad pública y la opacidad; fruto del creciente sentimiento de inseguridad y necesidad de autoafirmación que expresan. • Viven la disyuntiva de estar en la moratoria social y ser sujetos de opinión, reconocen la problemática del entorno aunque su participación sea mínima. • Reconocen y expresan su participación de manera simbólica, sin que ello signifique llegar a la militancia. Asumen una implicación distanciada: voluntariados, movimientos sociales, etc. • Expresan y valoran las actitudes de tolerancia. • Valoran el presente, el placer y la fiesta • Asumen una creciente y continua apertura a lo trascendente, desligado de cualquier institucionalidad. Y asumo que ante esta interpretación de la realidad de los y las jóvenes, es necesario asumir algunas perspectivas pastorales… • Los chicos y chicas tienen una gran capacidad de coexistencia, de encontrarse con otros y otras desde su diferencia, en un franco camino de tolerancia activa. Sin trascender el credo o raza, los y las jóvenes abren espacios para el diálogo y la construcción común desde la solidaridad, el voluntariado y la búsqueda de justicia. Esta situación les permite plantear y generar procesos de fraternidad y vida comunitaria: es una oportunidad para generar la comunión. • La disposición de los chicos y chicas de dejarse tocar desde el sentimiento, desde lo más sensible: la imagen; es una oportunidad para entrar en el mundo de los jóvenes; lo audio-visual, el lenguaje virtual (mundo aún por descubrir para el pastoralista) exige ingresar y dejarse tocar, aprender y entrar en diálogo en este nuevo areópago, teniendo cuidado en no quedarse en lo meramente sensorial. • Los chicos y chicas de hoy creen en Jesús, pero no en las estructuras rígidas ya establecidas, es una oportunidad para generar procesos de acompañamiento personal y comunitario, donde clarifiquen su identidad como agentes de cambio, descubriendo el lugar que ocupa su crecimiento interior. • Los chicos y chicas son capaces de elegir la información más adecuada que les llega de diferentes canales; de asumir una elección personal, de decidir. Será necesario entrenarlos en el discernimiento; y como andan en búsqueda de acción, se abre la posibilidad de lanzarse con ellos hacia verdaderos proyectos de trabajo concretos con oportunidad de participación. • La capacidad crítica en ellos y su deseo de referentes, propicia la oportunidad para la búsqueda de la verdad entre todos y no una verdad impuesta por pura normatividad, sino que surja desde la libertad y la diferencia compartida en la comunidad de los creen y siguen a Jesús, en una seria práctica del discernimiento comunitario. • La sensibilidad juvenil es un elemento básico para plantear y generar la opción centrada en el Dios de los pobres de Jesucristo. • Plantear un trabajo que esté en la línea del ecumenismo en horizonte de confrontación y diálogo a todas las religiones y culturas, fundamentado en el servicio de la paz, de la justicia, de la libertad y de la solidaridad universales, sostenido en ese principio inicial de este discurso: hablar de Dios es polisémico. • Las disyuntivas entre lo privado o lo público, entre la visibilidad pública y la opacidad, entre la construcción individual de su identidad y su inserción en la sociedad, buscando respuestas que les ayuden a explorar su identidad individual, son una oportunidad para la Pastoral Juvenil de integrar al joven en un proceso comunitario, un camino de construcción de la identidad que asuma la vivencia de su crisis, su decisión y aceptación de los compromisos asumidos, un camino de madurez en la fe. He querido compartir algunas percepciones, inquietudes y esperanzas, que espero ayuden a la reflexión y discusión de las mismas. Considero necesario seguir buscando nuevas lecturas de la realidad juvenil, de tal forma que nuestra conversión sea también conversión en nuestra mirada y acción, buscando proclamar con Pablo: “donde hay un cristiano, hay un hombre nuevo” (2Cor 5,17). Así pues, al final de estas líneas asumo importante reconocer que es necesario en nuestras experiencias de Pastoral Juvenil: • Asesores con vocación, formación y opción real por el trabajo juvenil. • Pastoral Juvenil orgánica, planificada y representativa. • Espiritualidad fundamentada en el encuentro personal y comunitario con el Dios de la vida, que habla día a día. • Abajarse para escuchar los gritos de los jóvenes e interpretar sus necesidades. “ Perder el tiempo con ellos”. • Involucrar y atender a las familias en el proceso de la pastoral juvenil. • Formación en la conciencia critica de la realidad. • Fomentar la organización juvenil a partir de sus intereses y necesidades. • Crear espacios de fraternidad y celebración: “signos, muchos signos”. • Fomentar momentos de resolución de conflictos y educación para la convivencia. • Desarrollar el crecimiento personal y la autoestima. Para reflexionar después de la lectura 1. ¿Qué reflexión nos provoca la frase: “ y Jesús puso su tienda entre las y los jóvenes” ? 2. ¿Las jóvenes y los jóvenes de tu experiencia pastoral, ¿cómo “hablan de Dios”, qué dicen de sí mismos y del mundo que les rodea, qué dicen de Dios, o implícitamente qué afirman como valores inalienables, irrenunciables, desde los cuales decimos “ese es su hablar de Dios”? ¿Cómo nos interpela esta “mirada” juvenil? 3. ¿Qué signos de vida y esperanza descubres? ¿Cómo acompañarlos y comprometerse concretamente con esos procesos que las y los jóvenes inician hoy? 4. ¿Cómo estamos acompañándolos en su confrontación con el mundo-mercado-global? 5. ¿Cómo estamos considerando la tecnocultura en nuestras propuestas de pastoral juvenil? ¿Qué actitudes y capacidades generar desde el acompañamiento que desarrollamos? Ze Everaldo Vicentello G. Laico, Agente Pastoral, estudios de Filosofía en la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima. Diplomado de Pastoral Juvenil en el Instituto Teológico-Pastoral para América Latina, ITEPAL (Bogotá). Diploma de Planificación Pastoral en Casa de la Juventud – Pontificia Universidad Javeriana (Bogotá). Estudios de Consejería en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, Lima. Responsable del área de Seguimiento y Compromiso Cristiano en ENCUENTROS, Casa de la Juventud. Asesor del Movimiento Juvenil MARCHA. Miembro de Plan-Pas Perú. (Equipo de Planificación Pastoral) |
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Los usuarios son responsables de sus propios comentarios.
| Autor | Hilo |
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| Visitantes | Enviado: 18/1/2007 13:25 Actualizado: 22/1/2007 12:09 |
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hola como estas e
por q dicen q los jovenes son asi |
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