| Elementos para el Proyecto de Vida en la PJ |
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| Enviado el Thu 09 Nov 2006 por zeeveraldo (4436 lecturas) |
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"Una Pastoral Juvenil que convoque al joven desde su realidad y lo acompañe en su proceso grupal de crecimiento y en el discernimiento y realización de su vocación, de su proyecto de vida" • «Proyecto de vida» y «vocación» son dos aspectos de una misma realidad que deben estar en permanente relación: el camino de realización intuido, descubierto, asumido y realizado por la persona y el llamado de Dios en la historia a través de signos que se interpretan desde una mirada de fe. Así, entre el Dios que llama y la persona que responde se da una invitación a establecer un diálogo que manifieste y ponga en relación al mismo tiempo, el amor gratuito de Dios y la libertad de la persona humana. • Toda vocación se da para una misión. Toda realización personal se da en el servicio y en la entrega a los demás. Dios llama para construir comunidad, para hacer a cada persona "hermano" con otros hermanos, para seguir construyendo un mundo que sea la "casa de todos", donde todos puedan vivir con dignidad. Descubrir el llamado de Dios es encontrar horizontes insospechados para la propia realización personal. • El proyecto de vida se vive en lo cotidiano. Para que pueda desarrollarse y consolidarse tiene que pasar a través de una "confrontación crítica" con los ambientes de vida. Es aquí donde confirma y reafirma su vocación, la enriquece y enriquece a quienes están a su alrededor. • La Pastoral Juvenil y la Pastoral Vocacional tienen elementos en común: ambas son pastorales de la misma Iglesia y ambas procuran orientar a los jóvenes para que lleguen a ser personas de Dios, personas de Iglesia y personas del mundo, de acuerdo a la vocación de cada uno. Ambas tienen como destinatarios a los mismos jóvenes y actúan en el momento en el que están tomando las opciones fundamentales que definirán y marcarán para siempre sus vidas. • La pastoral vocacional encuentra en la pastoral juvenil su espacio vital y la pastoral juvenil es completa y eficaz cuando se abre a la dimensión vocacional. No puede haber pastoral vocacional independiente de la pastoral juvenil ni pastoral juvenil independiente de la pastoral vocacional: ambas pastorales son complementarias y tienen que trabajar en conjunto. • Lo vocacional emerge de lo juvenil en esos momentos de la vida en los que surgen con más fuerza la búsqueda de realización personal y la toma de decisiones para las opciones más importantes de la vida. • El espacio natural de la vida eclesial de todo joven es el grupo juvenil. En él, comienza y realiza su proceso de crecimiento y de maduración. En él, cuando llega el momento del planteo y de la decisión vocacional, la pastoral vocacional tiene que aportarle los elementos adecuados para poder madurar su respuesta vocacional. El joven que comienza un proceso de discernimiento vocacional no deja de ser joven y no deja, por tanto, de tener que participar en su grupo juvenil. Como se ve, la pastoral vocacional está llamada a estar presente en momentos claves del proceso de los grupos juveniles y a hacer un aporte propio, asesorando especialmente los momentos vocacionales. • Toda pastoral juvenil que procure ayudar al joven a descubrir su vocación como proyecto de vida, necesita de la pastoral vocacional para iluminar y llevar a buen término ese proyecto. Toda pastoral vocacional que procure desarrollar una propuesta educativa, necesita de una pastoral juvenil que la apoye y la sostenga. La pastoral vocacional no entroncada en la pastoral juvenil puede producir algunos resultados inmediatos, pero pronto se reconocerá ineficaz y hasta peligrosa por la desorientación que puede provocar en los jóvenes y por el desgaste de energías a que somete a los agentes pastorales. • La pastoral vocacional no podrá ser un conjunto de acciones aisladas al margen de la pastoral juvenil, pues forma parte de su proceso. Cumpliendo su misión orientadora, le estará recordando continuamente la meta a la que ésta debe llegar. La pastoral juvenil, por su parte, terminará en pastoral vocacional. Cumpliendo su misión, preparará el camino para que los jóvenes puedan descubrir el lugar específico en el que Dios los llama para construir el Reino. Ambas pastorales, por tanto, se necesitan mutuamente. • El lugar natural para discernir el proyecto de vida y la vocación específica es el grupo juvenil, enriquecido con el aporte que puede ofrecer la pastoral vocacional: discernimiento y toma de decisiones dadoras de vida. • La pastoral juvenil se lee en clave vocacional, como una invitación constante y retadora invitación a tomar la vida en las propias manos y a descubrir la grandeza de decidir sobre la propia existencia de un modo autónomo y comprometido, y por eso mismo, personal y comunitariamente plenificante. • La ausencia de un proyecto de vida lleva a una vida alienada, donde los otros deciden por uno. • La persona es un ser abierto a la trascendencia, a ir más allá de sí mismo, a realizar un anhelo de felicidad y plenitud. Abierto al infinito... como si alguien la llamara desde lejos y al mismo tiempo desde lo más profundo de sí misma. • De ahí la necesidad de vivir integrada, unificadamente y plenamente, hay una necesidad de salir de sí mismo, descentrarse de sí mismo, «perderse» para encontrarse. • El descubrimiento de los valores como incondicionales para vivir, genera la necesidad y búsqueda de nuevas experiencias… Si antes todo giraba en torno a uno mismo, ahora hay un valor que despierta el corazón y compromete la libertad… las experiencias nuevas que ha vivido y está viviendo en el proceso grupal le hace reconocer al joven la existencia de experiencias de incondicionalidad que muestran que la vida sólo puede hacerse proyecto a partir de un valor que comprometa lo mejor de la persona. • Los grandes ideales no se alcanzan, se persiguen en fidelidad a través de un largo proceso que tiene avances, retrocesos, engaños, desengaños, crisis, saltos hacia delante y saltos hacia atrás. Una vida verdadera y auténtica se expresa más como dinámica de procesos de clarificación y de crecimiento… más no como un logro definitivo de metas. • Esto significa, que la vida se despliega desde dentro como expresión de la propia verdad, del propio autoconocimiento y del propio discernimiento. Todo proyecto genera un dinamismo que sale del fondo de cada uno como aspiración a vivir la plenitud y a ser más allá de uno mismo. • Los jóvenes tienen una innata aspiración a ser felices y a vivir en plenitud. La viven con mucha fuerza, deseo y afán. La vida se les aparece llena de "posibilidades" y potencialidades. Sienten una exigencia interior de llenarla de sentido y de significatividad: de "realizarse en la vida". • La Pastoral Juvenil tiene que ayudar a los jóvenes a descubrir que el proyecto de vida de Jesús responde a las tendencias y deseos más nobles de su corazón: o El deseo de vivir en plenitud desde la experiencia de relaciones gratificantes. La fe cristiana es una propuesta nueva de vida y de relaciones en la que la persona es el centro de los valores. El Dios de Jesús ha optado profundamente por el hombre, por su identidad recuperada. Es dador de vida y de esperanza definitivas. o El deseo de tener un proyecto de vida donde sentirse útiles y felices. El Evangelio devuelve a los hombres una utopía que está cimentada en la apuesta de Dios por ellos y no en la seguridad y en la eficacia meramente humanas. El proyecto de vida de Jesús no resuelve técnicamente las dificultades e incógnitas del quehacer humano, pero da sentido a todas las solicitudes y esfuerzos. Y al mismo tiempo, infunde fuerzas para la fidelidad y aguante para la lucha. o El Reino de Dios infunde en los jóvenes motivaciones y objetivos para vivir su deseo y afán por la justicia y los ayuda a descubrir dónde están los parámetros de la verdadera justicia. o La necesidad de aceptarse y ser aceptado gratuitamente. En el encuentro con el Dios de Jesús experimentan la gratuidad y la misericordia como los latidos más profundos del corazón del Señor. En la oración perciben una amistad siempre abierta al diálogo y a la reconciliación. Para ellos es gozoso poder recuperar la confianza a través del perdón. • ALGUNAS CLAVES PEDAGOGICAS: o Se trata de recorrer juntos un proceso educativo: para los y las jóvenes y para los que asumimos la tarea de acompañar. o Algunas propuestas pastorales están centradas predominantemente en el "ideal", desde lo que se espera de esa persona, desde los ideales que se desean para él. Pero este tipo de procesos no asegura que los ideales se personalicen y que se consiga un aprendizaje significativo. Puede acompañarse desde una pedagogía más directiva, pero corre el riesgo de no partir de la realidad y de no tener en cuenta la situación concreta del joven. Será necesario partir del joven en sí mismo. o Otras propuestas pastorales, están centradas predominantemente en el "proceso" y atienden más en particular la integralidad de la persona y de su proceso de maduración. Parten de la realidad concreta del joven, con sus posibilidades y sus límites, se viven en "procesos" donde la fe tiene un sentido liberador que lleva a la persona a autotrascenderse y sentirse invitada a recorrer un camino desde el cual aprehender y personalizar los valores. En estos casos, el proceso puede ser más largo, puede tener marchas y contra marchas y requiere un acompañamiento realista y paciente. Pero el resultado enraíza más en lo profundo de la persona y la lleva a apropiarse paulatinamente de su vida y de su proyecto, construido desde un horizonte de trascendencia y de búsqueda de la voluntad de Dios. o Esta vertiente de "proceso" se apoya en optimizar las condiciones para que, desde nuestras actividades, grupos, celebraciones, encuentros, etc., el joven pueda realizar un aprendizaje significativo: es decir, pueda descubrir y generar su propio aprendizaje vital, pueda personalizar el camino traduciendo a lo cotidiano su horizonte de fe y pueda hacer su propio proceso, pueda descubrir su llamada interior. Esto requiere acompañamiento, continuidad y, evidentemente, un proyecto pastoral de fondo que sostenga y avale todo lo demás. o En esta línea, se busca alcanzar algunos de estos «objetivos educacionales»: ayudar a los jóvenes a descubrir e incorporar nuevos elementos para elaborar el "mapa de su vida"; ayudarles a despertar valores y vislumbrar opciones maduras y consistentes; ayudarles a discernir sus necesidades y motivaciones profundas; ayudarles a realizar una experiencia de Dios; acercarlos y/o proveerles oportunidades para vivir experiencias integradoras y aprender de ellas; acercarlos a experiencias de confrontación consigo mismo que les supongan un reto a su capacidad de conocerse y aceptarse y les exijan iniciativa y decisión personal orientarlos hacia experiencias proporcionadas, que les permitan dar un paso adelante pasando al nivel siguiente y facilitando nuevos modelos de integración; orientarlos en experiencias sostenidas, acompañándolos para discernir situaciones y motivaciones y para reorientar la ruta si fuera necesario. • Por tanto, Pastoral Juvenil en clave vocacional no se trata de un conjunto de acciones puntuales, ni de un conjunto de actividades, ni de una reunión o un bloque de trabajo en algún encuentro, retiro o convivencia. Es un camino que propicia el encuentro con el propio compromiso personal con la vida misma. • Donde lo vocacional es más que un estilo de vivir, es un proceso que permita al joven la búsqueda de sí mismo, de su propia identidad y de un camino coherente con sus valores, en el marco de una opción fundamental. Esto no es algo acabado que un día se alcanzó y se consiguió para siempre. Es algo que crece, se desarrolla, que siempre se está haciendo... • Para ello un proceso de la Pastoral juvenil en clave vocacional, ha de impulsar un proceso de elaboración del Proyecto de vida, con metas, pasos, etapas, personas, gestos visibles, tiempos de evaluación. No son sólo "sueños", ideales, valores... El proyecto de vida se va iluminando a medida que se va haciendo. Por ello, conviene que esté formulado y concretizado para evitar que sea algo que quede "en el aire" disperso. • El proyecto de vida permite recorrer un camino para alcanzar una identidad integrada, apunta a integrar las necesidades del yo actual (la realidad misma de la persona, su aquí y ahora) con los ideales y valores autotrascendentes (cristianos) del yo ideal. Esta integración se expresa en actitudes y se realiza en la vida cotidiana, de la que recibe retroalimentación y contraste. El deseo de seguir adelante, de caminar, es fruto de la Gracia. Las estructuras psicológicas de la persona no causan la acción de la gracia, pero predisponen a ella. • Hay cinco claves pedagógicas que se consideran muy necesarias para su realización: la autenticidad, el discernimiento, la adecuación de los pasos a dar al marco temporal que vivencia, las estructuras de apoyo y la evaluación periódica. • ETAPAS DE LA ELABORACIÓN DEL PROYECTO DE VIDA: El proceso de descubrimiento e interiorización de los valores que se vivencian en la propia historia con otros y otras. El proceso de elección de la opción fundamental, formada por valores que constituyen el centro de la propia vida, por valores en nombre de los cuales se dicen los no y lo sí que imprimen un sello y una dirección a la propia existencia. El proceso de verificación práctica de los valores y de las opciones elegidas, no se encuentran en abstracto, en intelectualismos y teorizaciones, ni en bellos discursos, sino en situaciones vivas y concretas de los ambientes de vida. • EL ACOMPAÑAMIENTO. Para acompañar a los jóvenes a construir sus proyectos de vida y responder al proyecto de Dios (clave vocacional) desde sus realidades concretas, puede ser interesante: o contribuir a que conozcan sus motivaciones concretas, para que puedan integrarlas en su proyecto de vida; o acompañarlos a descubrir que sus necesidades (pertenencia, afecto, deseo de incidir, etc) no son malas en sí mismas, pero que tienen que integrarlas con los valores, ponerlas al servicio de éstos, para que les presten su energía psíquica como motor para la realización de sus proyectos de vida. Sin olvidar que toda identidad personal integrada se expresa en actitudes coherentes con sus necesidades y valores. Es un proceso que hay que ir «ensayando» a lo largo de toda la vida...; o ayudarlos a madurar para valorar la diferencia entre autorrealización y autotrascendencia. o ayudarlos a ser pacientes y conscientes de sus posibilidades y sus límites. o ayudarlos a ver que los ideales se utilizan equivocadamente cuando sólo se ponen al servicio de las propias necesidades y no del Reino. • EL ACOMPAÑANTE o Para que el acompañamiento de procesos grupales que ayuden a discernir y realizar proyectos personales de vida llegue a ser efectivo y eficaz, es necesario contar con "acompañantes" adecuados. o En este sentido, los primeros y naturales acompañantes son los asesores de los grupos juveniles, tal como son descritos en el libro "Civilización del Amor: Tarea y Esperanza": "el asesor es un cristiano adulto llamado por Dios para ejercer el ministerio de acompañar, en nombre de la Iglesia, los procesos de educación en la fe de los jóvenes..., un ministerio que no es exclusivo del sacerdote o del religioso... sino también y fundamentalmente un ministerio laical" (pg 275). o El asesor es "un adulto, es decir, una persona que ha pasado ya la etapa de la juventud y ha vivido un proceso de maduración en el que ha definido su proyecto de vida y ha alcanzado una estabilidad afectiva para optar libremente y para sumir con responsabilidad los desafíos propios de su elección" (pg 276). Es "una persona de fe, que vive el seguimiento de Jesús en la opción que hace por los jóvenes, en quienes reconoce diariamente el rostro de Dios y la voz profética del Espíritu" (pg 277). Es "un vocacionado, es decir, una persona llamada por Dios para cumplir una misión en la Iglesia, no para sí mismo, sino para servicio de los demás". Es "una persona de Dios... una persona que conoce ama y sirve a la Iglesia... y un enviado a todos los jóvenes" (pg 279). Es "un educador, que actúa de acuerdo a la pedagogía de Dios y siguiendo el modelo que utilizó Jesús con sus discípulos" (pg 279). Y es "una persona encarnada en su realidad y con profundo sentido de pertenencia a ella... Procura ser un actor social y no quedar pasivo ante los desafíos de la realidad" (pg 281). o Cultiva actitudes humanas de acogida y confrontación, escuchar y propone, nunca dirige, con apertura, responsabilidad, perseverancia y vocación de servicio (todo esto le da genuinidad y autenticidad); respeta los procesos personales, tiene sentido crítico y tolerancia; es creativo; busca ser cada vez más coherente en su propio proyecto de vida, participa activamente en la vida social y la inculturación en su medio. o Es importante también que el acompañante haya logrado un cierto grado de madurez cristiana, es decir, que haya reconocido (leído en clave vocacional) su propia experiencia de fe y su propia experiencia de Dios, que esté integrado en una comunidad, que tenga una vida de oración y una vida sacramental activas, y que haya vivido la experiencia de "ser acompañado". En efecto, no es fácil acompañar procesos que no se han realizado o responderse a preguntas que no se han formulado. o Y es importante que viva el servicio del acompañamiento con la espiritualidad que nace de sentirse llamado a la vocación de acompañar a los jóvenes, de saberse elegido por Dios y enviado por Dios desde la comunidad para hacer algún bien, a algunas personas, en algún aspecto de sus vidas, durante algún tiempo. Es aquí donde nutre su ser trascendente, encuentra el sentido propio de toda su existencia. Una espiritualidad que lo lleve a dejarse confrontar por la Palabra de Dios y por la comunidad y a colocar el centro del proceso de acompañamiento en Jesús y no en su propia persona. Que esté convencido que el seguimiento de Jesús plenifica y realiza a la persona, que crea en la acción y en la presencia de Dios y sepa descubrirla y contemplarla en la vida de los jóvenes y en la historia y que reconociéndose débil, se sienta al mismo tiempo amado profundamente por Dios. • Algunos elementos sobre el "saber" y el “ser” del acompañante. o Es importante que el acompañante tenga una formación antropológica, cristológica, eclesiológica y bíblica mínimas. o Es importante también que el acompañante tenga una cierta formación pedagógica, que maneje elementos de la psicología juvenil, que conozca el desarrollo de los procesos grupales, la propuesta educativa de la Pastoral Juvenil y el momento y la forma de plantear la necesidad de discernir y realizar un "proyecto de vida". o Es importante que como educador y pastor, conozca y sepa leer la realidad y los procesos de los jóvenes y sepa dialogar con la cultura actual. Que tenga inquietud por seguir formándose permanentemente. Que sepa enfrentar las crisis como momentos privilegiados para renovar el encuentro con Dios. Que conozca sus propios límites y posibilidades y que sea capaz de derivar si no puede acompañar. • Algunos elementos sobre el "hacer" del acompañante. o Es importante que el acompañante actúe con orientaciones pedagógicas y metodológicas claras y adecuadas, definidas y diseñadas en un proceso. o El acompañante "perfecto" no existe. Existen sí, buenos acompañantes... Y aunque lo hacemos en el nombre del Señor, es necesario también buscar caminos que nos preparen y capaciten para esta tarea. • Algunos Instrumentos para el acompañamiento: la entrevista personal y el discernimiento comunitario. |
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